Bonitas palabras cuando tienen algo que decir. Malditas las horas que pasan y no por aquí. Pírrica victoria la del perdón. El consuelo es mal de tontos que no dicen adiós.
Ínclitas cantinelas muy juntas de la mano van, disimulando su recurrencia. Yeguas que tiñen zanahorias al rojo morder de sus labios, como rojas las luces de la vanidad.
Acordes que disimulan el rumor de estridentes bisagras. Si descubriendo gana a descubierto, es que éste ya no se resguarda al calor del dolor. No es robo si hay consentimiento.
Cutres cuadros de Clark Gable abrazan las paredes. Ciegos que me acompañan en busca de comida para el cuervo que bate sus alas al son del olor de la viva carroña.
Trazas de palabras apoyadas en la espalda. Rasguños en las rasgadas desvestiduras. Diezmos de veinte minutos de reloj se han de entregar.
Capitular al inconformismo a deshoras. Justo a tiempo para volver la mirada y tachar la rigidez de los sonidos no dichos. Tañer las campanas para alertar.
Suelto la mano para asir el pecho, vehemente agarrarlo y zarandearlo. ¿No te enteras, verdad? Ciego y sordo ya debes estar. También mudo.
La amable palidez sale de la cárcel de la retina. Guardar las fotos en ningún lugar.
Me ha recordado a la mansión de Norma Desmod en Sunset Boulevard. Si alguien vez tienes ocasión de verla, te la recomiendo.
ResponderEliminarQue desazón, olvido y tieneblas, amigo. Espero uno lleno de alegría para la próxima vez, jajaja. Un abrazo ;)