miércoles, 15 de agosto de 2012

Sólo para locos, no para cualquiera


Me compadezco de aquellos necios que erran a sabiendas de traicionar la palabrería de sus convicciones. Comprendo a los que lo hacen siguiendo los dictados de su iniquidad.

La maldad, la violencia en sí, es un signo característico de inteligencia, de instinto de supervivencia, de verdadera inteligencia emocional, antagónica a la común inteligencia de fechas, relevantes acontecimientos recién leídos y opiniones de corta y pega.

Llamo puro estiércol al que insta al error, al títere en la sombra que azuza la necedad, el cual antepone su ego, interés, boca y testículos a la mencionada inteligencia emocional del resto, de la que por supuesto carece.

Sencillo es llamar a la puerta del error y desde una segura atalaya, lanzar dardos y flechas envenenadas  con neutral posición, muy cómodo es ver caer a esa gente a los pies de tu torre y una vez pasado el aluvión, tranquilo recoger los restos.

Lo que nunca se ha de tener por seguro son los restos a encontrar, las personas zafias que actúan en la sombra, suelen acabar topándose con la maldad de quién agazapado, sabe esperar.

Convicciones, de nuevo de mierda, son aquellas que se quiebran ante la cobardía de otro. Convicciones arrancadas a bocajarro a quienes creían tener el don de hacerse sentir vagamente especial.

Al final sólo queda el dulce tragar, entre precipitados empujones, de grandes cucharadas de aquellas convicciones y el luchar porque asome poco a poco y cada vez más, ese lobo estepario que siempre esperó paciente su oportunidad.

1 comentario:

  1. Chapó.

    Sólo te diré -sabes que siempre tengo que poner la guinda, soy así de tocapelotas- que tengas cuidado con ese lobo que mencionas, pues te puede acabar poseyendo. Bajo la luna llena nadie controla sus actos. Y menos los lobos.

    Un abrazo amigo.

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