domingo, 2 de diciembre de 2012

Relato 1: Guerra


Ventanas y puertas tapiadas, así lo había recomendado el Gobierno a través de radios y televisiones. Hacía ya dos semanas que el asedio había dado comienzo. Desde entonces, Amanda no había logrado encadenar dos horas de sueño. Recluida en su céntrico apartamento, escuchaba a diario como decenas de bombas chocaban incesantes contra su ciudad.

Las televisiones tampoco cesaban el bombardeo de imágenes. Personas, familias enteras yacían en el suelo descompuestas, las bombas no hacen prisioneros. Siempre el mismo titular. No existen supervivientes.

Amanda no podía imaginar hace unos meses cuando comenzó la investigación, las consecuencias que acarrearía la información obtenida. Había destapado la mayor trama de corrupción de la historia desde el escritorio del modesto periódico local para el que trabajaba. Con los datos que poseía había provocado que las bases del sistema político y económico de la primera potencia mundial se tambalearan.

Guerra era lo que había provocado. Una guerra que su país tenía de antemano perdida. Había abocado a todo un pueblo a una muerte segura.

Ahora, allí se encontraba, agazapada bajo una mesa mientras miles de personas fallecían en ese mismo instante. Tenía que entregarse, su cobardía ya había causado demasiadas muertes. Debía armarse de valor para afrontar el destino que le aguardaba.

Atravesó la puerta, tras ella,  cuatro hombres con batas blancas la esperaban en el rellano. La acompañaron a una ambulancia. En el corto trayecto pudo observar lo intacto que se encontraba el mundo que le habían estado ocultando.

Es la del cuarto, la periodista, ha perdido la cabeza, lleva encerrada dos semanas, desde que se inventó no sé qué de los americanos se cree que estamos en guerra. Murmuraban dos vecinas.

Sí se había librado una guerra. Psicológica. Amanda la había perdido y con ella, la Verdad. Esquizofrenia dijeron. Nadie jamás la creería.

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